Si bien fueron los ingleses quienes inventaron el fútbol, no inventaron la Copa del Mundo. El Mundial de fútbol que reune a las mejores selecciones del mundo se debe a la visión y al trabajo del francés Jules Rimet.

La aparición en 1891 de Rerum Novarum, la encíclica de León XIII sobre trabajo y capital, se produjo en un momento crítico para el joven de 17 años. Jules y sus amigos estaban tan consternados como el Papa por la miseria soportada por las clases trabajadoras y el fracaso del liberalismo económico para encontrar un remedio.

Inspirado por el Papa León XIII, Jules Rimet creó el torneo que reunió a todas las naciones del planeta.

Abogado exitoso y hombre hecho a sí mismo, también era católico. Su visión de la sociedad y el rol del deporte en ella, estaba fuertemente influenciada por la enseñanza de la Iglesia.

En la confusión que rodea la aprobación de la ley de separación entre la Iglesia y el Estado en 1905, Rimet parece haber reorientado sus energías activistas hacia el fútbol, viéndolo como una forma poderosa de promover la armonía social. Su carrera como administrador deportivo comenzó con la creación en 1897 del Red Star Club (su nombre parece inspirado en la línea naviera británica). La intención era desviar a los jóvenes de la clase trabajadora del anticlericalismo de izquierda presente en otros equipos. Las discusiones de política estaban expresamente prohibidas.

Red Star se convertiría en uno de los mejores clubes de Francia, ganando la Copa de Francia tres veces seguidas a principios de la década de 1920. Después de haber servido en la guerra mundial se convirtió en presidente de la Fédération Française de Football y luego, en 1921, de la Fédération Internationale de Football Association (FIFA).

Bajo su liderazgo, la FIFA propuso un campeonato mundial de equipos nacionales. Rimet, ardiente católico y veterano de guerra, creía que el fútbol podía “propagar el entendimiento y la reconciliación entre las razas del mundo”. Viajó en barco hasta el primer Mundial de Uruguay en 1930, llevando en su mochila el trofeo que más tarde sería nombrado en su honor. Se desempeñó como presidente de la FIFA durante 33 años y estaba terriblemente orgulloso de que la organización saliera ilesa de las divisiones de la Segunda Guerra Mundial. En 1956, el año en que murió, fue nominado para el Premio Nobel de la Paz.

Rusia 2018 se desarrolla bajo todo tipo de tormentas políticas, pero Rimet creía apasionadamente en poner el fútbol al servicio de la amistad entre las naciones. Seguimos por tanto viviendo y desarrollando su sueño.

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